El ladrido no es un defecto que haya que erradicar, es una forma de expresión que debemos modelar. Hay que tomar en cuenta que no siempre es un mecanismo de chantaje para conseguir un objetivo o una forma de decirnos que no le dejemos sólo; puede responder a un dolor, a una enfermedad o a un peligro inminente y debemos saber diferenciarlos.
Hoy en día y fundamentalmente en las ciudades se ha convertido en un motivo de importantes conflictos vecinales. Representan el segundo motivo de molestia por contaminación auditiva después del tráfico vehicular.
Cada casuística tiene su origen, sus formas de control y sus terapias específicas, pero existen unas normas generales que conviene tener presentes; no pegar, no gritar y no ceder con premios o golosinas a sus reclamos. Los veterinarios especialistas en comportamiento animal son los profesionales idóneos para el asesoramiento en los casos de ladridos obsesivos. Últimamente han surgido en el mercado una serie de dispositivos que pueden servir de ayuda en casos de vocalizaciones excesivas, concretamente nos han llamado la atención los denominados Collares antiladridos.-
Según sus fabricantes, la empresa canadiense Multivet Internacional se trata de "un collar inofensivo vaporizador de citronela que condiciona a los perros a dejar de ladrar excesivamente, sin peligro para los perros, los humanos y el medio ambiente".
El funcionamiento de este aparato, según el Doctor Stéphane Meder es el siguiente: "cuando el perro ladra el sensor electrónico de este collar antiladrido (ver foto) vaporiza citronela o un gas sin olor. El animal ve, huele, siente y escucha produciéndose un efecto disruptivo, es decir, un estímulo poco común el cual, por su aparición, va a bloquear la secuencia comportamental que se está presentando y orientará al animal hacia una corta secuencia exploratoria...". Este estímulo no ejerce un castigo propiamente hablando y no causa dolor, permitiendo tratar de una manera por completo humana las vocalizaciones excesivas. Es eficaz en un 91% de los casos". También nos comentó que "no inflige un castigo al animal a diferencia de los collares de toques eléctricos cuya eficacia es apenas de 50% o los collares de ultrasonido cuya eficacia es de un 20%. Evita asimismo recurrir a técnicas poco ortodoxas como la ablación de las cuerdas vocales al permitir la corrección del ladrido o de las vocalizaciones mediante el efecto disruptivo"
Es interesante tomar en cuenta una advertencia del Doctor Meder: "el castigo sea el más sofisticado que haya podido crearse en cuestión de educación perruna o en tratamientos de trastornos del comportamiento no representa una solución duradera y además puede desencadenar uno de los efectos secundarios más graves, como es la agresividad en contra de quién lo ejerce. Además se debe considerar como prioritario el confort de los animales y su seguridad".
Recientemente ha sido desarrollado por el equipo de investigadores que dirige nuestro colega y Especialista en Comportamiento el Dr. Patrick Pageat la DAP (Dog Apeasing Pheromone) en difusor y en collar. La DAP por su efecto ansiolítico permite apaciguar a los animales y se emplea con mucho éxito en la ansiedad por separación, el síndrome de privación sensorial, el síndrome Hs/Ha, las sociopatías, la ansiedad de desritualización. En estos trastornos del comportamiento del comportamiento las vocalización son una manifestación emocional importante aunque no patogmónica.
Autor: MVZ Stéphane Meder Vincileoni - Residente en Canadá - 1960 Rue Lemay - St-Hyacinthe (QC) - TE: (450) 771-0955 - Consultor en comportamiento animal para la Industria Veterinaria.- Clínico en comportamiento animal en el Hospital Veterinario Canii-Felis - St-Hubert - Québec - Canadá - Hospital Veterinario Cani-Felis -www.foyel.com/etologia
